NOTHING FOUND!

Principal Turismo

Conoce la leyenda de “El reloj del Templo de la Compañía de Jesús” de la Ciudad de Pátzcuaro

En una rica región de cierta provincia de Castilla, en una lujosa mansión, vivía el duque Don Manuel de Ávila, a quien su majestad Felipe II le tenía un especial afecto, podía asegurarse que el duque era si no el primero, uno de los más cercanos al rey.

Resulta que nuestro hombre era uno de los incondicionales a Felipe II, quien como a él favoreció con tierras a otros protegidos, provocando en Don Manuel, las primeras envidias, primero secretamente, luego murmurando en contra de todas las disposiciones del rey. Así pues, la fidelidad se convirtió en furiosa envidia, por dejar de recibir tanta riqueza y poder.

No faltó quien comunicara al rey que su amigo había traicionado su confianza y puesta en él, ante esto fue encarcelado y se le formo causa, resultando culpable de alta traición, la sentencia debería consumarse en la plaza del lugar, colocando su cabeza en algún balcón, todo ello al dar las doce campanadas del día siguiente, por la noche.

Al otro día, preparados para ejecutar al duque al llegar la hora señalada únicamente sonaron once campanadas, por lo que el reo fue devuelto a la prisión.

Un día después repitieron los preparativos, pero el reloj toco también once campanadas, se pospuso nuevamente la ejecución, la noche siguiente sucedió lo mismo.

 La gente se preguntaba el significado de aquella señal, al llegar estas noticias al rey, quiso cerciorarse personalmente, escuchando que solo tocaba once veces, entonces el monarca decidió otorgar la pena de destierro, el reloj también fue desterrado perpetuamente, para que el virrey lo entregara a una nueva ciudad.

Llego el reloj a Pátzcuaro, colocándose en la torre de la iglesia catedral, bajo la custodia de los Jesuitas, después a cargo del ayuntamiento.

También el duque llego a México, prometió revestir el reloj de oro con plata y colocarlo en un digno marco de cantera.

Cuando se dirigía a esta ciudad, fue asaltado para robarle sus bienes, en un momento de distracción de sus raptores trato de huir, cayendo a un rio. Muriendo  ahogado al sonar precisamente las doce campanadas de la media noche, la promesa quedo incumplida.

Juraban los moradores de la ciudad de Pátzcuaro  que al dar las doce campanadas en el reloj de la compañía, aparecía un hombre sujeto con cadenas, que recorría las calles, precipitándose a un río, perdiéndose en el tiempo.

En la actualidad algunos habitantes de Pátzcuaro juran haber visto al duque recorriendo los rincones de la compañía de Jesús.

Con información de: Leyendas Pátzcuaro

 

 

Grupo Marmor