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Columna

Ser joven

Por: Gerardo A. Herrera Pérez

El periodo Posmoderno, define y expresa los valores sobre los cuales vivimos; no podría ser de otra manera, las cuestiones culturales se transforman en la medida que se evoluciona la sociedad y sus valores, principios, prácticas sociales, usos y costumbres; no así lo natural, que siempre seguirá siendo igual, salvo que el hombre actúe sobre la naturaleza y la altere.

Para los jóvenes, de manera general, para los que viven en grandes concentraciones de población, y podríamos decir que en menor proporción para los que viven en zonas rurales o lugares con una menor densidad de población, el consumo permea los valores con los cuales se conducen; valores que se adquieren con el consumo y que van desde el hedonismo, es decir el placer por las cosas (fumar, tomar alcohol, las adicciones, el sexo) pasando por el narcicismo, el buscar generar una ideología clasista que los lleva a consumir las modelos y las marcas de renombre, y que en conjunto los aleja de contar con una visión igualitaria, de respeto por la dignidad humana, pero sobre todo de hacer actos de solidaridad.

Por fortuna, no podemos homogenizar a los jóvenes, no, no lo haría, porque existe una diversidad cultural, social y sexual de diferencias sobre cada cuerpo que sería imposible decir que hablamos de iguales. Al contrario, hablamos de una diversidad cultural, que permite la gran riqueza sobre la cual tiene sentado su democracia nuestro país.

De conformidad con Michel Foucault el poder controla, somete, disciplina y regula los cuerpos y la sociedad para que responda a sus intereses. Por otra parte, Guille Lipovetsky nos expresa el cómo el mercado ha transformado los modelos sociales de cooperación y colaboración por modelos de personalización, es decir aparece una nueva forma de control de los comportamientos, a la vez que de una diversidad de formas de vida del individualismo, que no permite el trabajo solidario, o cuando menos, que hoy, para muchos no sorprenden ciertas prácticas que están sometiendo a los cuerpos en lo individual y que muy pocos de éstos preguntan sobre la crisis social en la que vivimos.

Esta manera en la que se encuentran insertos cientos de jóvenes me lastima como sociedad: los he visto en los Centros de Atención a Personas Viviendo en Adicciones por drogas, por alcohol o porque viven en depresión; pero también los he visto consumir drogas, cigarro, alcohol, incluido el sexo; me ha tocado convivir con padres que sufren la desintegración familiar y que buscan remediar ésta llevando a sus hijos a espacios para su recuperación, incluidos aquellos que llegan a decir que son gay, o bien lesbianas o aquellos como decía Carlos Monsiváis en su Libro Cierren esas puertas para amarnos, “los impedidos del fingimiento” del género, o como dirían otros como Lizárraga, “los esclavos del género”; todos ellos viven en cautiverios, controlados, sin emancipación y sometidos en sus libertades y tomas de decisiones.

No obstante, hay otros jóvenes, igualmente con los cuales me ha tocado trabajar, o bien observar, que no han permitido que el mercado los someta y los haga hedonistas, narcisistas o bien envidiosos, con ideologías clasistas y racistas. Pero en conjunto, los jóvenes, tanto en una visión individualista, como en una visión social, tienen mucho que aportar a la sociedad y mucho porque luchar para esta transformación; en donde se requiere de una amplia, muy amplia participación ciudadana diría mi buen amigo Rafael Escutia Garmendia de Travesura Cívica.

Al ser docente en procesos de posgrado, he tenido la fortuna de escuchar aportaciones importantísimas de muchos jóvenes, que ahora son maestros o han concluido su doctorado; dichas aportaciones dan congruencia de una importante contribución de fortalecerse y de conocer más, de empoderarse para llevar a cabo una extraordinaria práctica profesional, sustentada en la ayuda mutua, en el respeto de la dignidad humana, pero sobre todo en la defensa de las libertades.

Las realidades que más me llaman la atención por su significado y compromiso social, son las de aquellos jóvenes que aman ser luchadores sociales con impactos ya ganados como Orestes Rubio en Morelia y desde luego Manolo Parra, o Jair Cervantes de Tacámbaro; disfruto de ver la participación plena de Emily Stephanie Medina Domínguez, Ángel Solís, Evelyn Yahaira Juárez y María Andrea Pineda Pedraza de Apatzingán quienes con una sonrisa serena siempre están para ayudar al necesitado.

En este sentido reconozco la valía en el joven José Manuel Caballero, presidente municipal electo de Paracho, así como a Jorge Cacari y Celeste Ascencio diputada electa, o regidores electos o en funciones como Andrés Rodrigo Mendoza, o Grecia Conejo y Soledad Maciel y muchas personas más como Frida Zúñiga o Ricardo Bravo, Chavo Ramírez, que tienen mucha cercanía con el pueblo y que están sensibilizados para profundizar en sus tareas de coadyuvancia a la planeación y edificación de nuevos modelos sociales, en donde autoridades y población trabajen juntos para alcanzar el bien común. Abrazos fraternos a César Trinidad López.

Otros jóvenes que han sido mis alumnos, sobre todo aquellos que me inspiran por su gran talento y ganas de salir adelante ayudando a los grupos en situación de vulnerabilidad; a ellos los reconozco por su pasión y emoción: Hamlet Escutia, Oralba Herrera, José Manuel Fuerte, Katia Monserrat, Sergio Aguilar, Diana Ornelas, Pedro Armando Castañeda, Amairani Castañeda, las talentosas jóvenes de Artemisa, Jorge Osnaya, en fin; otros que han trabajado en mis proyectos, como César Saavedra, Sergio Cruz, Daniel Aguilar, Néstor Cedillo, César Trinidad, Daniela Guzmán, Omar Becerrera, Julio César Bermúdez; así como a Víctor, Hugo, Naun, Fanny, Uriel.

Concluyo y menciono a Marcos Juárez Vega, quien se forma como abogado para instrumentar estrategias sociales y de resolución de conflictos, pero también en acciones ambientales y deportivas, en breve, éstas, beneficiaran a sus pares de Uriangato, mi reconocimiento y felicitación por sus aspiraciones. Esa es la juventud formando sociedad, construyendo democracia.